Las riberas del río Amarguillo vieron el desarrollo de los primeros asentamientos humanos que, con el tiempo, dieron lugar a la actual Villafranca de los Caballeros. Íberos, romanos y árabes se establecieron en estas tierras de la Mancha toledana. Varias excavaciones en el yacimiento del Palomar de Pintado, de los siglos VII y VI a.C., testimonian la presencia de los primeros, y una villa y una necrópolis atestiguan el paso de los segundos. Pero no fue hasta el siglo XIV cuando la zona empezó a repoblarse, alcanzando en el siglo XVI el despertar administrativo, político, cultural y artístico gracias al Privilegio de villazgo otorgado en época de Felipe II.

Al parecer, la denominación de «franca» se debe a que fue declarada libre de impuestos en los primeros momentos de su poblamiento, aunque bien es cierto que fue un privilegio que solo le duró seis años. Por su parte, el sobrenombre «de los Caballeros» se incorpora debido a que en este enclave se reunían el día de San Martín los diputados de las villas y aldeas sanjuanistas para tratar del aprovechamiento de los pastos comunes; en esas juntas contestaban cuando se les decía “hable ahora el caballero de tal población”.

Hoy la villa manchega ofrece al viajero un agradable paseo por su casco urbano y otro por su fantástico entorno natural.

El recorrido por sus callejas y plazas nos descubre un caserío de blanco luminoso salpicado del típico añil manchego. En la calle Cervantes se conserva un escudo familiar de la conocida como Casa de los Galitos. Destacan su imponente iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, construida en el siglo XII y reformada en los siglos XVI y XVIII, y las numerosas ermitas repartidas por la localidad como las del Santo Cristo de Santa Ana (con una preciosa fachada barroca), San Antón, San Blas, San Isidro, San Sebastián y la de la Virgen del Rocío.

El blanco inmaculado de las fachadas de su caserío da paso, a tan solo dos kilómetros del casco urbano, al azul del complejo lagunar de Villafranca de los Caballeros, oasis de naturaleza en la comarca manchega y enclave de sorprendente belleza declarado Reserva de la Biosfera e incluidos en la denominada Mancha Húmeda.

Este remanso de vida, agua y naturaleza destaca entre los campos de cultivos como un extraordinario refugio para la fauna y especialmente para las aves. Las lagunas han sido aprovechadas desde los tiempos de la Edad del Hierro hasta los actuales y en el siglo XVIII se explotaron para fabricar pólvora.

Humedal de gran importancia ecológica, es lugar de peregrinación durante buena parte del año para ornitólogos de todo el mundo que centran su atención en la Laguna Chica. Ganas de dar un agradable paseo por sus senderos y caminos, unos prismáticos y ropa cómoda son suficientes para poder disfrutar del espectáculo. Con paciencia y respeto podemos observar un gran número de especies de aves algunas de espectacular porte y colorido como la grulla y el flamenco; las más variadas son las acuáticas, como la bella malvasía, el avetoro o el porrón blanco, pero también podemos contemplar el vuelo de rapaces, como el aguilucho lagunero o el halcón peregrino, o especies esteparias como la avutarda, el sisón o el alcaraván.

Tras el paseo es momento de relajarse y disfrutar del amplio abanico de actividades recreativas que encontramos en la Laguna Grande –una de las más grandes de La Mancha– y su entorno. En época estival las toallas, sombrillas y bañadores dan un toque de color a su playa artificial de unos dos kilómetros y medio, donde encontramos zonas de aparcamiento, duchas, puesto de atención de primeros auxilios, juegos infantiles, barbacoas o espacios para la pesca. El viajero encontrará una variada oferta hostelera y otros servicios como alquiler de piraguas y barcas. Además, en la zona abre sus puertas el Aula de la Naturaleza Las Lagunas donde se realiza un extenso programa de educación ambiental en estrecho contacto con la naturaleza.

¡Buen viaje y buena suerte!

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