“Los paisajes me han creado la mitad mejor de mi alma”, la frase es de Ortega y Gasset, y si es el lector de los que alimentan su alma con naturaleza y paisaje, a buen seguro que Navalcán no le decepcionará.

La localidad toledana se encuentra en un bello paraje serrano entre los cauces de los ríos Tíetar y Guadayerbas. Y buena parte de su territorio se integra en el Lugar de Interés Comunitario de la Sierra de San Vicente y Valles del Tiétar y Alberche, y en la Zona de Especial Protección para las Aves del Valle del Tiétar y Embalses de Rosarito y Navalcán. Lo que, traducido al lenguaje común, significa que los parajes que rodean el núcleo urbano encierran una variada riqueza natural, botánica y faunística, con especial relevancia para la observación de aves.

Paseo entre alcornoques.

Esa “especial relevancia” la encontramos en unos paisajes con sorprendentes matices cromáticos: rojizos y amarillos en otoño, coloridos y verdes en primavera, más apagados en invierno, pero con el impresionante telón de fondo de las blancas nieves en la cercana Sierra de Gredos, y con el verdor de los bosques y los dorados de los campos en verano, eso sí, siempre con las refrescantes aguas de los cursos fluviales cercanos que ofrecen una tregua a los calores estivales.

Buena parte del territorio sigue dedicado a la ganadería, lo que ha configurado un paisaje de dehesas y alcornocales que se mezcla con el típico bosque mediterráneo con abundancia de encinas, pinares y amplias praderas. Es precisamente en las zonas más recónditas y boscosas donde se refugian ejemplares de cigüeñas negras o águilas imperiales cuyo majestuoso vuelo no es difícil de observar.

Para disfrutar de la zona lo mejor es calzarse un zapato cómo y recorrer la Ruta de las Aves, un sendero circular de pequeño recorrido homologado por la Federación de Montañismo de Castilla-La Mancha siguiendo directrices europeas. Son trece kilómetros marcados con señales blancas y amarillas por un terreno cómodo. La ruta se inicia en el mismo pueble y se extiende hacia el oeste recorriendo parajes como El Chaparral, el Embalse de Navalcán, La Retuerta, la Dehesa Calabazas o La Cebollosa. En algunos tramos la senda se adentra en un caos de grandes rocas graníticas y frondosa vegetación donde hay que estar un poco atentos para no despistarnos.

Junto encinas, retamas, cantuesos, acebuches, alcornoques o torviscos, el gran reclamo de la ruta es la observación de aves como garzas, buitres leonados, cormoranes, ánades, ánsares o las majestuosas grullas que en grupos numerosas aprovechan estos rincones húmedos y tranquilos para pasar el invierno o en su viaje hacia las cálidas tierras africanas.

Grullas.

En nuestro camino también encontraremos gran cantidad de vacas de distintas razas, muestra de que estas tierras no han perdido la tradición ganadera.

Por la zona hay otras posibilidades de paseo a pie o recorridos en bici de montaña, como las que se pueden realizar con el Guadyerbas como compañero de viaje. Nace a unos 1.200 metros de altitud en la cercana sierra de San, en sus 35 kilómetros de longitud discurre entre bosques de sabinas, álamos y encinas, atravesando los términos municipales de de Navamorcuende, Sotillo de las Palomas, Segurilla, Mejorada, Velada, Montesclaros, Parrillas y Navalcán,donde sus aguas se embalsan para, más adelante, unirse al cursos del Tiétar. En el entorno de este río se encuentra la reserva fluvial de Sotos del Río Guadyerbas y Arenales del Baldío de Velada,​ con una serie de sistemas dunares y fauna acuática de gran relevancia.

No debe el viajero perder la oportunidad de acercarse a alguno de los elementos patrimoniales que nos hablan de la historia de Navlacán como el puente Romano, la iglesia de Nuestra Señora del Monte o las ermitas de San Isidro y de San Pedro Apóstol -denominada vulgarmente de la Venerable Isabel-.

Para más información:

Ruta de las Aves

Folleto de la Ruta de las Aves

¡Buen viaje y buena suerte!

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