En España, desde diferentes y lejanos puntos de partida –Cádiz, Málaga, Valencia, Alicante, Madrid…– surgen itinerarios hacia Santiago. Varios de ellos atraviesan Castilla-La Mancha. El Camino de Levante, el Camino del Sureste y el Camino Manchego pasan por la provincia de Toledo.

Cada año, millones de personas de todas las religiones del mundo realizan largas peregrinaciones a algún lugar sagrado. La que lleva hasta la tumba del apóstol Santiago, en Santiago de Compostela, es de las más famosas y concurridas y de las que más crece cada año. Una experiencia profunda provocada no sólo por la fe, sino también por las posibilidades de disfrutar de la naturaleza, el senderismo, el aire libre, la aventura, días de convivencia y encuentro, cultura y arte…

 

Según dicen, es imposible describir «el verdadero camino». El camino interior, esa experiencia personal e intransferible, carece de guión, no tiene etapas, ni paisajes concretos… probablemente, ni siquiera un final. Algunos dicen que el Camino no se hace para ir, sino para regresar; que hay muchos «caminos» para hacer el Camino, pero todos ellos suponen un reto físico y mental para el que se recomienda ir entrenado y bien informado. Cualquier camino será duro, muy duro; todos requieren un plan previo, ya se haga a pie, bicicleta, a caballo o combinado…

Camino de Levante

Esta ruta, de unos 750 km, sale de Valencia y llega hasta Zamora –donde se junta con la Ruta de la Plata procedente de Sevilla– y prácticamente, de este a oeste, parte la Península en dos. Consta de 27 etapas, de las cuales 16 transcurren por nuestra región.

Se adentra primero en tierras albaceteñas por los paisajes ondulados de Almansa –corona esta ciudad uno de los más impresionantes castillos de Castilla-La Mancha hacia la inmensa planicie de Chinchilla de Montearagón –una joya medieval casi intacta–, Albacete capital y La Roda. Después, ya en Cuenca, la bella ciudad de San Clemente y, enseguida, los paisajes cervantinos por antonomasia: Mota del Cuervo –y sus molinos de viento– y El Toboso –la patria de Dulcinea, ya en la provincia de Toledo–.

Desde aquí y hasta La Villa de Don Fadrique, pasando por Quintanar de la Orden y La Puebla de Almoradiel, transitamos parte de la ruta utilizada por los moriscos en su camino a Toledo y la senda usada por los arrieros. Después, Villacañas, Tembleque –una de las más bellas plazas mayores de España, emblema del barroco popular del XVII– Mora y, por fin, la ciudad imperial: Toledo.

Acercarse a Toledo, desde cualquier flanco, es un espectáculo para la vista por su paisaje y su entorno natural, como ya os hemos contado alguna vez.

Desde allí, por las tierras de Torrijos –impresionantes los castillos de Barcience y de Maqueda– llegamos a Escalona, localidad de extraordinaria belleza monumental y obligada parada. Unos kilómetros más adelante, el sorprendente pinar de Almorox sirve de frontera y despedida: el camino seguirá por tierras de Madrid, Ávila, Valladolid y Zamora.

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Prácticamente paralelo al Camino de Levante, coincidiendo la ruta en gran número de localidades, va el Camino del Sureste.

Camino del Sureste

Sale desde Alicante y recorre más de 300 poblaciones, en 28 etapas, hasta Benavente (León), donde se une al Camino Francés. Al igual que el camino levantino, se adentra en nuestra región por la provincia de Albacete pero, esta vez, por Caudete, hasta llegar a Pétrola.

Desde allí, un itinerario prácticamente idéntico al del Camino de Levante: Albacete, La Roda, El Toboso, Tembleque, Almonacid –reconoceremos desde decenas de kilómetros su castillo, vigía de La Mancha– Toledo, Novés y Escalona… hasta adentrarse en la Comunidad de Madrid por Cadalso de los Vidrios.

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Camino Manchego

Desde Ciudad Real hasta Toledo, este trayecto, de unos 150 km divididos en 5 etapas, busca unirse con el Camino del Sureste. Un camino por tierras manchegas en su mayor parte, muy rico en historia: la batalla de Alarcos o el avance de las huestes cristianas hacia la de las Navas de Tolosa, los pasos de San Juan de la Cruz, las huellas de Santa Teresa de Jesús… Coincidiendo en gran medida con la Ruta del Quijote, la primera parada es Malagón, patria chica de Santa Teresa. Desde allí, al hogar del conocido como “Cristo de la Mancha”, custodiado en la ermita del Santísimo Cristo de Urda, lugar asimismo de peregrinaje: su Cristo recibe la atención y devoción de miles de fieles, sobre todo durante las ferias y fiestas en su honor que se celebran desde el 27 de septiembre hasta el 1 de octubre. Desde Urda, a Los Yébenes, Orgaz, Sonseca, Ajofrín y, finalmente, Toledo.

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Completar cualquiera de estos caminos será un desafío y, con toda seguridad, un recuerdo inolvidable. En el trayecto encontraremos gente, arte y cultura, naturaleza… y –quién sabe– respuestas.

¡Buen viaje y buena suerte!

 

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