Desde el pasado 24 de enero, los carnavales de Valdeverdeja poseen la declaración de Fiesta de Interés Turístico Regional como «Carnavales religiosos de ánimas». Popularmente llamada «carnestolendas», «carnavales de ánimas» o, simplemente, carnaval, es cierto que esta fiesta tiene un carácter marcadamente religioso y, también, una serie de aspectos que la hacen destacar del resto. Al parecer, en el pasado, las ánimas del purgatorio concedieron una merced al pueblo. Desde entonces, hace ya siglos, el pueblo se lo agradece de singular manera.

Los carnavales se celebran durante los tres días anteriores al miércoles de Ceniza –es decir: siempre comienzan un domingo. Este año, domingo 11 de febrero– pero los preparativos arrancan meses antes, cuando se van formando las Escuadras de Animeros, tanto infantiles como de adultos, y se van ensayando los bailes. Según se acercan las fechas, se sacan los trajes del arcón: es hora de revisarlos y reparar aquello que se haya estropeado.

Se llama animeros y animeras a los mozos y mozas, de todas las edades, que, vestidos con el traje típico, protagonizan la fiesta y sus bailes. Los trajes más llamativos son los de las mujeres. Hay dos: el de labradora, más sencillo, con falda roja o guardapiés, zapatos tachonados y mantilla negra; y el de novia, más lujoso, con bordados y puntillas, falda azul, mantilla blanca y zapatos –también bordados– a juego con la faltriquera. Los juegos de joyas –los pendientes y el collar– son característicos de Valdeverdeja.

Los mozos sin embargo van todos iguales: traje oscuro y pañuelo rojo, portando una alabarda (especie de estandarte) decorada con motivos religiosos –rosarios, estampas– y también plumas o collares. Su función: ahuyentar a las ánimas del purgatorio.

El domingo por la mañana, la Escuadra de Ánimas se concentra en la plaza Mayor de la localidad con las autoridades civiles y religiosas: desde allí se dirigen a la iglesia parroquial. La Escuadra, formada por parejas de animeros y animeras, la encabeza el tamborilero, tocando redobles, mientras el abanderado efectúa los juegos con la bandera durante los trayectos.

Llegados al templo se celebra la Misa Mayor y, tras ella, vuelve el cortejo en procesión a la plaza Mayor a realizar los bailes, tanto infantiles como de adultos: baile de la soldadesca, jotas, baile de banderas… Acto seguido, para recobrar fuerzas, comida popular. Después del almuerzo, tiene lugar el «correr del gallo», de larga tradición y uno de los momentos más emocionantes de la fiesta, con la participación de muchos mozos montados a caballo.

Visitar Valdeverdeja

Sólo la vistosidad de los trajes de los animeros, la concepción distinta al resto de carnavales y los bailes que rememoran tradiciones históricas hacen imprescindible una visita a estas fiestas verdejas.

Pero Valdeverdeja no es sólo folclore y carnaval. Los restos neolíticos hallados en el término municipal atestiguan que estas tierras fueron ocupadas en la prehistoria. Que los romanos fundaron algún asentamiento en este lugar lo demuestran los restos de la termas y las estelas funerarias. Además, el conjunto urbano conserva aún su estructura medieval de calles empedradas e irregulares, casas tradicionales de mampostería, sillares en las esquinas y piedra para el recercado de las ventanas.

El tesoro de todo este conjunto es la bellísima plaza Mayor porticada, en la que destaca el Ayuntamiento del siglo XVIII. Otros puntos de interés del municipio son la iglesia de San Blas, levantada el siglo XVI y ampliada en el siglo XVIII; la ermita de Nuestra Señora de los Desamparados, del siglo XVIII; y los Pozos Nuevos, declarados Bien de Interés Cultural, un paraje en el que se ubican varias docenas de pozos con sus correspondientes lavaderos hechos de piedra en una sola pieza.

Rodeado de una preciosa vegetación, los mejores valores medioambientales se sitúan en el sur: el río Tajo, que durante 15 km atraviesa el término municipal y marca a la vez el límite con la provincia de Cáceres, deja en su margen izquierda berrocales y lanchares graníticos –elementos geomorfológicos protegidos– en una zona de especial protección ZEPA como hábitat de grandes aves (buitres, búhos reales) y especies como grajillas, mirlos y nutrias.

Como colofón, podemos degustar la peculiar gastronomía local, mezcla de castellanomanchega y extremeña: migas, cachuela, chafaina, “rin-ran”, matanza; dulces artesanos: mangas, floretas y roscas.

Pero si todo esto no fuera suficiente, existe una última excusa para viajar a Valdeverdeja: la extraordinaria hospitalidad de sus apenas 700 habitantes.

 

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