Viriato nació en el seno de una humilde familia. Fue en su juventud un sencillo pastor que se convirtió en la pesadilla del imperio romano en la provincia de Lusitania, que comprendía, en el siglo II antes de Cristo, la mayor parte de la actual Portugal al sur del Duero, Extremadura, Salamanca y parte del oeste de la provincia de Toledo. Logró sobrevivir a la matanza del pretor romano Galba en el año 152 antes de Cristo, jurando a partir de entonces odio eterno a los romanos.

En su lucha sin tregua contra Roma, el caudillo lusitano acampaba con sus huestes, tras cruzar el Tajo, en el llamado Monte de Venus, que la leyenda sitúa en la toledana Sierra de San Vicente. Es en este bello y, para muchos, desconocido rincón de la provincia de Toledo, donde hoy se puede seguir la senda que lleva su nombre.

Sierra San Vicente con Gredos al fondo.

Hace unos años se recuperaron antiguos caminos, senderos y cañadas que hasta hace no mucho servían de enlace a los pueblos de la comarca. La Senda de Viriato es hoy un espectacular y bello sendero de Gran Recorrido de 141 kilómetros. Está dividido en 19 etapas de unos 7,5 kilómetros de media, la etapa más larga tiene 12 kilómetros y la más corta no llega a 3, por lo que está indicado para toda la familia. Se puede realizar pie o en bici de montaña y, siguiendo diferentes itinerarios, permite conocer los dominios climáticos y paisajísticos de cada vertiente de la Sierra de San Vicente, un rincón que ofrece un resumen de la variedad y riqueza botánica y faunística de todo el Sistema Central.

La Sierra de San Vicente se levanta entre los valles del Alberche y del Tiétar, con el telón de fondo de las faldas de la Sierra de Gredos. La comarca del mismo nombre, por la que transita la Senda de Viriato, engloba a una veintena de pueblos con un marcado carácter rural. Es un destino para toda la familia que ofrece descanso, tranquilidad, contacto con la naturaleza y un interesante atractivo histórico y patrimonial.

Castillo de Bayuela.

La Senda une todos los pueblos de la comarca: Navamorcuende, Hinojosa de San Vicente, Marrupe, Sotillo de las Palomas, Segurilla, Cervera de los Montes, Pepino, San Román, Cazalegas, Cardiel del los Montes, Castillo de Bayuela, Garciotum, Nuño Gómez, Pelahustán, El Real de San Vicente, Almendral de la Cañada, La Iglesuela, Sartajada y Buenaventura.

Según la leyenda, el nombre de la comarca tiene su origen en una cueva de esta sierra en la que se escondieron los hermanos mártires Vicente, Sabina y Cristeta, elevados posteriormente a los altares. Cierto o no, lo que sí es un hecho es que nos encontramos en una zona de excepcional riqueza medioambiental. Sus suelos encierran una variada reserva de plantas medicinales, utilizadas por las abejas para elaborar distintas variedades de miel. En sus cielos podemos contemplar el vuelo de buitres, águilas o cigüeñas, y en sus bosques, además de una gran variedad de pequeñas aves, entre ellas los simpáticos pájaros carpinteros, con un poco de suerte podemos ver corretear zorros, jabalíes o ciervos. Estamos ante una vegetación típicamente mediterránea donde no faltan encinas, enebros, alcornoques, cornicabras y magníficos castaños.

Castañar en las inmediaciones del Piélago.

Cada pequeño pueblo tiene su propio atractivo, y son muchos los rincones que merecen la pena. Es imprescindible subir hasta el pico de San Vicente, desde cuya cima la vista es espectacular con los valles del Tiétar, el Tajo y el Alberche a nuestros pies, y la Sierra de Gredos y los Montes de Toledo en el horizonte.

Un agradable paseo y perfecto lugar de descanso ofrece el Piélago, donde cuenta la leyenda que Viriato instaló su campamento de invierno. Hoy son cientos de niños y jóvenes los que instalan en este bello y tranquilo paraje su campamento de verano.

Los encantos de la zona se extienden a una cada vez más amplia y cuidada oferta de turismo rural, y a una apetitosa cocina tradicional con el salmorejo, las patatas de puchero, el cocido con aliño, la oreja en la salsa, las migas o los asados de cochinillo. Todavía se pueden encontrar mermeladas y dulces que hacen las delicias de los más golosos.

Quién le iba a decir a aquel sencillo pastor lusitano, convertido en caudillo de su pueblo contra Roma, que casi 22 siglos más tarde esta comarca, de atractivo y singular encanto, le rendirían tributo.

¡Buen viaje y buena suerte!

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