El Parque Nacional de Cabañeros lleva más de 800 años ligado a la historia de Toledo. La conservación de estas tierras debe mucho al hecho de que, entre los siglos XIII y XIX, la conocida como Raña de Santiago fuera propiedad de los toledanos. Tras la desamortización de Madoz, en 1885, las fincas pasaron a manos privadas, dedicándose a la agricultura y la caza. A finales del siglo XX estuvo a punto de convertirse en un campo de tiro para el Ejército del Aire pero, por fortuna, la riqueza y diversidad natural de la zona se impusieron a esas pretensiones, y sus cielos siguieron siendo propiedad de los buitres, águilas y otras rapaces en vez de los reactores.

Hoy Cabañeros es uno de los tesoros medioambientales más emblemáticos de la península, visita imprescindible para los amantes de la naturaleza y destino que no deja a nadie indiferente.

En el considerado como uno de los ejemplos mejor conservados de bosque mediterráneo se abre la senda del Chorro, un inolvidable recorrido por el corazón de Cabañeros. La senda se encuentra en el municipio de Los Navalucillos enclavado en los Montes de Toledo. Para acceder al inicio de esta ruta hay que tomar la sinuosa carretera que une esta localidad con Robledo del Buey; a unos 9 kilómetros a mano izquierda se toma la pista de tierra que, en un bello descenso y tras cruzar el cauce del río Pusa, nos conduce a la caseta de información en la que se inicia la senda.

La senda del Chorro discurre paralela al arroyo del mismo nombre y recorre la zona más montañosa del parque nacional. Los primeros pasos se desarrollan por una pista de tierra con unas bonitas vistas de los bellos paisajes de bosques típicamente mediterráneos. Abundan encinas y jaras, y, al llegar al arroyo de la Arañosa, descubrimos el bosque de ribera con especies como fresnos, sauces, arraclanes, arces y castaños, junto con algunas joyas naturales de vegetación típicamente atlántica como el tejo, huella de épocas pasadas en las que el clima casi gélido era habitual en estos parajes.

Cruzando el arroyo del Chorro el terreno aparece tapizado de helechos, brezos, enebros, mostajos, acebos y abedules, estos dos últimos muy singulares en estas latitudes tan meridionales. En poco menos de una hora nos desviamos, no sin antes asomarnos al cauce del arroyo represado y disfrutar de un encantador rincón de gran riqueza y variedad botánica.

Un antiguo refugio de cabreros -conocido como sestil- nos indica que ya estamos cerca del tesoro natural que da nombre a la ruta. Unos metros más allá aparece la esplendorosa cascada del Chorro. La parada es obligada para disfrutar de la riqueza natural del entorno, la paz y la tranquilidad solo rotas por el murmullo del agua.

Hemos dedicado una hora y media de caminata, pero si nos sentimos con ganas podemos continuar hasta la Chorrera Chica, situada en un escondido y bello rincón a un kilómetro y medio de distancia. El sendero tiene algo más de pendiente en los primeros tramos pero merece la pena por las magníficas vistas del valle que se abre ante nuestros ojos. Hay que estar algo más atento a los resbalones por la estrechez de la senda y la humedad del terreno.

Para los que estén más en forma la ruta todavía nos ofrece un último atractivo: subir al Rocigalgo, que con sus 1.448 metros es el pico más alto de los Montes de Toledo. El esfuerzo merece la pena ante las espectaculares vistas del Parque de Cabañeros que se tienen desde la cima.

Recuerde no dejar de mirar al cielo, será fácil observar el vuelo majestuoso de buitres leonados y otras rapaces. La visita se puede hacer de forma libre o guiada, esta última opción permitirá conocer más en profundidad este entorno formidable. Y no olvide respetar en todo momento el entorno natural en el que se encuentra.

¡Buen viaje y buena suerte!

 

Aquí puede consultar toda la información para preparar con detalle su visita.

3 Comentarios

  1. Cabañeros. Este lugar que esta lleno de paisajes maravilloso, de monte, matorrales, rocas, y encinares, es un verdadero almacén de oxigeno, verdor y belleza que dan un verdadero encanto a sus serranías, solanas, valles y hombrías. Es uno de los paisajes más bello de las dos Castillas.

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