Los silos. Viviendas subterráneas. Humildes hogares. Ecos ya de la ilusión de unos recién casados. Patrimonio arquitectónico de La Mancha. Construcciones únicas en Europa. Hoy, aunque han perdido su funcionalidad primitiva, están declarados Bien de Interés Cultural, siguen existiendo y los podemos visitar.

Si bien encontramos en nuestro país construcciones similares dedicadas a la vivienda (las casas-cueva de Granada, Chinchilla de Montearagón, etc), ninguna de ellas con estas características constructivas; tampoco en número tan abundante (unas 1700 llegó a haber en Villacañas en el siglo XIX), ni con un uso tan pleno y continuado, desde el siglo XVIII hasta la segunda mitad del siglo XX.

* Dibujo extraído de Los silos de Villacañas, Luis Gª Montes.

A mediados del siglo XVIII, las parejas más humildes compraban su «sitio» para construir su vivienda (un solar de 470 m2) al iniciar su noviazgo y simplemente empezaban a cavar… En el siglo XIX, a consecuencia de la desamortización y roturación de nuevas tierras, aumenta la demanda de mano de obra. El jornalero, con exiguos recursos económicos, se ve obligado a construir su propia vivienda. Y también empezaba a cavar… Para ahorrarse los materiales de construcción necesarios, la casa se excava en el subsuelo, siendo únicamente necesarios pico, pala y cal.
Los futuros inquilinos comienzan la tarea con sus propias manos.

Ese terreno es lo primero que hace al silo una construcción original: se excava en tierra llana, sin aprovechar pendientes. Primero se cavaba la rampa o «caña», con una anchura de poco más de 1 metro y dejando ya tallados los peldaños de la futura escalera. La dirección de esta caña, centrada en el solar (cuadrilátero de 21,68 metros de lado) se hacía siempre a saliente o poniente, siendo muy raros los de norte o sur. (*)

El final de la caña se abrirá en tres direcciones. En el frente se sitúa un comedor; a la izquierda, la cocina, que comunica con diferentes estancias para los animales, almacenaje de alimentos, grano o paja; a la derecha, los dormitorios. En las habitaciones interiores se abren ventanas verticales –lumbreras– que dan luz y sirven de ventilación a la casa. También cuentan con chimenea, pozo y desaguadero… en definitiva, una casa con todo lo necesario. Todo ello, sin tejado, sin vigas, sin columnas, sin tabiques.

Finalmente, todo irá enjalbegado. La cal convertirá una cueva en una casa: desinfecta, blanquea y refracta la luz del exterior, iluminando los interiores.

Los silos son también, por qué no, un ejemplo de armonización del medio natural y la acción humana. Bien climatizada: al estar bajo tierra, la temperatura del interior es muy constante, se guarda el calor en el invierno y permanece un reconfortante frescor durante el verano. Inteligente manera de combatir un clima de cambios bruscos.

En el exterior -el patio- se amontonaba la tierra del vaciado del silo y se aprovechaba para guardar los útiles de labor. Construían una especie de diván orientado siempre al mediodía –al que llamaban solana– para tomar el sol en los días claros del invierno. En estos terreros se plantaban cambroneras, que daban sombra y servían de tendedero de la colada (*).

Villacañas

El peculiar Museo del Silo nos muestra la joya de la arquitectura popular villacañera. El ajuar y mobiliario también encuentran la representación adecuada en el recinto museístico.

Visita: contactar con la guía en el teléfono 620 659 191.

Horarios:
Lunes cerrado. De octubre a abril: de 11:30 a 14:00 h y de 16:00 a 17:30. De mayo a septiembre: de 17:00 a 18:30. Domingos y festivos: de 11:30 a 14:00.

Madridejos

Con el fin de mantener este patrimonio y esta forma de vida no tan lejana en el tiempo, el Ayuntamiento ha comprado y rehabilitado dos silos:

– el del Tío Colorao, C/ San Agustín, 9.
– el del Tío Zoquete, Travesía del Cristo, 13.

En ellos se ha recreado la vida de las familias que los ocuparon. Dos auténticos museos que nos transportan al momento en el que estuvieron habitados.

Entrada mediante visitas concertadas 925 460 016 (Extensión 5-0)

 

¡Buen viaje y buena suerte!

 

Los silos de Villacañas. Luis Gª Montes

 

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