La celebración durante estos días de la XXXVII edición de Farcama (Feria de Artesanía de Castilla-La Mancha, en Toledo, hasta el 15 de octubre) nos brinda la ocasión perfecta para hacer un recorrido por la artesanía de nuestra provincia.

Una artesanía rica en técnicas, disciplinas y especialidades, y que aúna tradición popular e innovación a partes iguales. Detrás de todo ello, siempre, el artesano: su hacer callado, detallista, creativo e impregnado de los secretos de antiguos oficios transmitidos de generación en generación.

De una vasija de barro

Las rojizas tierras de la cuenca del Tajo a su paso por la provincia de Toledo aportaron la arcilla como materia prima de una de las industrias más antiguas de la humanidad. Secada al sol, triturada, cribada, mezclada con agua, modelada por el alfarero en sus tornos o tornetas, cocida y decorada, la basta pasta se transforma, en manos de alfareros y ceramistas, en objetos que durante siglos han sido de uso cotidiano, y hoy –sin perder en muchos casos su utilidad– se han convertido en piezas de indudable valor artístico.

Cántaros, jarros, pucheros, orzas, tinajas, platos y una bella azulejería siguen saliendo de los talleres artesanos de la provincia. Talavera de la Reina –con sus azules, verdes y naranjas, y una rica y variada ornamentación– y El Puente del Arzobispo –con sus verdes y amarillos y ese gusto por lo popular– son los dos grandes centros neurálgicos de la cerámica toledana, cuyos productos alcanzan fama mundial.

Alcolea de Tajo, Argés, Añover de Tajo, Azután, Bargas, Borox, Burguillos, Consuegra, Cuerva, Escalona, Illescas, Lagartera, Las Herencias, Lucillos, Madridejos, Nambroca, Noblejas, Ocaña, Quintanar de la Orden, Segurilla, Torrijos, Valmojado, Velada, Veldeverdeja, Villacañas, Villafranca de los Caballeros o Villarrubia de Santiago son algunos de los muchos pueblos toledanos que todavía conservan talleres alfareros y cerámicos, manteniendo viva esta tradición milenaria.

Tintineo de metales

Hierro, acero, plata, oro, latón, cobre, hojalata… metales y aleaciones que se convierten en manos del artesano en bellos objetos que son indiscutibles protagonistas del panorama artesano de la provincia de Toledo.

El acero toledano es todo un referente a nivel mundial. Sus espadas, que dieron gloria a los tercios españoles, siguen siendo hoy uno de los productos más populares en los comercios de la capital. Alma de hierro y “tejas” de acero componen las hojas que pasan por las fraguas y el yunque en un proceso donde el fuego y el agua se convierten, junto a las sabias manos del artesano, en imprescindibles actores de su elaboración. Hoy es un objeto artístico codiciado por miles de turistas y aficionados al templado acero, además de abastecer a un interesante mercado recreativo y deportivo.

Durante siglos los herreros y forjadores han convertido las láminas de acero en artísticas rejerías que forman ya parte del paisaje de los pueblos de la provincia de Toledo. Aunque hay que remontarse a épocas romanas para encontrar los primeros trabajos en hierro, lo cierto es que en Toledo es en el siglo XVI cuando los maestros herreros alcanzan su cénit con los trabajos para la catedral, iglesias, conventos y casas nobiliarias. Rejas, puertas, cerraduras, clavos y todo tipo de herrajes forman parte de la arquitectura de la ciudad.

 

La pujanza de la forja toledana, con diseños innovadores y abiertos al siglo XXI, queda reflejada en el funcionamiento de numerosos talleres en los que se escucha el tintineo del martillo sobre el acero en Belvis de la Jara, Calera y Chozas, Camuñas, Cazalegas, Chozas de Canales, Consuegra, Gálvez, Guadamur, La Pueblanueva, Malpica de Tajo, Menasalbas, Navahermosa, Noéz, Ocaña, Oropesa, Palomeque, Puente del Arzobispo, Quintanar de la Orden, Talavera de la Reina, Tembleque, Toledo, Torrico, Villaminaya, Villanueva de Bogas y Villarrubia de Santiago.

Bidri, caelatura o ataujía son algunos de los nombres que recibió el arte del damasquinado antes de imponerse este último. El producto de este oficio artesano, en el que el hilo de oro o plata se encaja sobre otros metales de menor valor –hierro o bronce–, llega en muchas ocasiones a convertirse en auténtica obra de arte. El damasquinado se aplicaba sobre armas y corazas, y, más tarde, sobre todo tipo de objetos decorativos. Hoy día los talleres, que se concentran sobre todo en la ciudad de Toledo, producen preciosas joyas que han convertido al damasquino toledano en uno de los más apreciados del mundo.

[Continuará…]

 

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