Cuenta la leyenda que un largo túnel de casi cinco kilómetros conectaba la iglesia de Santa María de Melque con el castillo templario de San Martín de Montalbán. Por él debían cruzarse los monjes de la primera con los caballeros templario del segundo, e intercambiarían opiniones sobre el tesoro del Rey Salomón que algunos –no sin grandes dotes imaginativa- sitúan por estos lares con el Arca de la Alianza, la Menorá o la famosa Mesa de Salomón entre sus objetos más icónicos y preciados. Lo cierto es que ambos lugares encierran suficientes motivos para ser objeto de las más curiosas leyendas, pero más cierto aún es que nos encontramos ante dos de los enclaves más espectaculares de la provincia de Toledo.

Un complejo monástico único en España

Una iglesia que por su aparejo y sus macizos se parece a lo romano; por la disposición de sus departamentos secundarios, a lo latino; por su planta, a lo bizantino; por la contextura de sus arcos a lo visigodo y a lo árabe primario; por sus bóvedas, su cúpula y sus semicolumnas, a lo románico; por el modo de ejecución, a lo bárbaro; por otros detalles, a varias de aquellas artes, ¿qué es?”. Se lo preguntaba Jerónimo López de Ayala y Álvarez de Toledo, conde Cedillo, uno de los investigadores de mayor peso en la historia toledana y apasionado estudioso de este complejo monástico.

Estamos ante el conjunto de época visigoda mejor conservado de toda la península Ibérica. Para llegar a él es precioso tomar la carretera CM-4009 y entre las localidades de La Puebla y San Martín de Montalbán (el complejo se encuentra en el municipio de éste último) tomar una estrecha carretera que en algo más dos kilómetros no deja a las puertas de Santa María de Melque.

Este floreciente monasterio se levantó a finales del siglo VII a 50 kilómetros de Toledo, que era capital del reino visigodo. Conserva, como joya de la corona, una bella y sólida iglesia del siglo VIII, hoy delicadamente restaurada. Tras los gruesos muros de piedra –de casi metro y medio de anchura-, sus pequeñas ventanas y sus arcos de herradura, el interior es un remanso de paz en el que se cuelan, formando un juego de luz y sombras, los rayos del sol. No pasa desapercibido para el visitante el gran arcosolio -arco que alberga un sepulcro en la pared y que sugiere que, en un principio, la iglesia fuera un mausoleo destinado al enterramiento de un alto personaje del Reino Visigodo de Toledo-.

Sabemos que, durante la Edad Media, el complejo fue ocupado por la Orden del Temple; y que funcionó como recinto amurallado con viviendas para los monjes y varias antiguas presas, posiblemente de origen romano, de las que hoy todavía se conservan algunos restos. Todo lo que sabemos de este espectacular recinto, que se encuentra en un bello paraje de tierras de labor y monte bajo, se explica con detalle en el coqueto Centro de Interpretación.

Allí nos cuentan cómo la iglesia sobrevivió a la invasión islámica, que en la zona se instaló una comunidad mozárabe, que más tarde fue aldea musulmana, que usó el templo como fortaleza, añadiéndole una torre cuyos restos aún son visibles. Cuando el rey Alfonso VI conquistó Toledo, la iglesia recuperó su función litúrgica, sin perder la militar, quedando como testigos los restos de murallas y un poblado que solo llegó a desaparecer con la desamortización de finales del siglo XIX.

Además, una sala de exposiciones invita a la visita relajada de este rincón mágico, poco conocido y que no dejará indiferente al viajero.

 

Caballeros templarios de vecinos

La vida en Melque debió estar ligada por su proximidad con la que se desarrollaba en el cercano y espectacular castillo de San Martín de Montalbán. Para llegar a él hay que seguir durante dos kilómetros el camino que sale justo enfrente del desvío a Santa María. De origen musulmán, tuvo una importante relevancia al pasar, por orden de Alfonso V, a manos de los caballeros Templarios.

Los restos que hoy podemos contemplar (informarse bien de la posibilidad de visitas ya que es un recito de propiedad privada) nos muestran un fantástico recinto amurallado con su adarve y torres albarranas. En el interior se conservan restos de la fortaleza musulmana original. El emplazamiento en el que se levanta es impresionante: sobre un peñasco que se asoma vertiginosamente al cañón que dibujan las aguas del arroyo del Torcón, donde aún se pueden escuchar los lamentos de la reina mora que se lanzó al vacío con su hijo en brazos ante el asedio de las tropas cristianas… o eso al menos cuenta, de nuevo, la leyenda.

¡Buen viaje y buena suerte!

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