Prepare unos sándwiches, una tortilla de patata, un poco de queso (manchego, por supuesto), pan y algo de fruta; métalo todo en una cesta, a ser posible de madera o mimbre; en una nevera de mano con algo de hielo introduzca una botella de agua, vino, casera y unas cervezas; no olvide una manta o estera; tampoco irá mal una sombrilla y unas sillas para los más sibaritas; colóquelo todo en el coche; recoja a la familia o amigos -no conviene mezclar- y ponga rumbo al campo. Una vez llegados al destino elegido extienda la manta o estera en el suelo; disponga las vituallas traídas para la ocasión; siéntese en el suelo y prepárese para disfrutar de un fantástico día de pícnic.

Sin duda, ir de pícnic o comida campestre es uno de esos placeres sencillos y al alcance de cualquiera. Lo único que hay que hacer es elegir el “campo” adecuado para pasar una placentera jornada. En la provincia hay muchos rincones que cumplen los requisitos, pero estos lo hacen con creces.

El Chorro en Cabañeros

El Parque Nacional de Cabañeros, que a punto estuvo de convertirse en un campo de prácticas de tiro del Ejército del Aire, es uno de los más espectaculares reductos de bosque Mediterráneo. Acoge la fauna ibérica más amenazada, una gran variedad de aves y mamíferos entre los que destacan el águila imperial y el buitre negro; el ciervo, el corzo y el jabalí son abundantes en sus sierras y rañas.

Uno de los rincones más concurridos es la Senda del Chorro, a la que se llega desde el kilómetro 16 de la carretera CM-4155. En ese punto –espectaculares las vistas desde el mirador allí existente- se encuentra la pista forestal que nos conduce a la caseta de información donde se encuentra el inicio de la ruta. La cascada del Chorro se encuentra a una hora y media de agradable paseo, la llamada Chorrera Chica requiere algo más de esfuerzo y para los más intrépidos queda la subida al Rocigalgo el pico más elevado de los Montes de Toledo.

Después del paseo es el momento del merecido descanso, de instalar nuestra manta o estera y disfrutar del pícnic junto a las aguas cristalinas del río Pusa.

Barrancas de Castrejón y Calaña

La primera visión de este espectacular enclave a 30 kilómetros de Toledo nos recuerda a las tierras rojizas del fotogénico Cañón del Colorado. No es para menos, los vertiginosos cortados arcillosos que se precipitan en las aguas de Tajo -que aquí se embalsan en el Pantano de Castrejón- son un espectáculo para los sentidos. Las Barrancas -que se encuentran en los términos municipales de Albarreal de Tajo, Burujón y La Puebla de Montalbán- pueden recorrerse a pie o en bicicleta de montaña -es recomendable dejar el coche los aparcamientos habilitados-. Para nuestro pícnic se pueden utilizar las zonas de merendero existentes o incluso prepararlo cerca de alguno de los formidables miradores que se asoman a los cortados.

Garganta de Las Lanchas

Desde la pequeña población de Las Hunfrías un camino de tierra nos conduce hacia el sendero del que arranca la senda que recorre la Garganta de las Lanchas. Entramos en un pequeño valle boscoso recorrido por un arroyo cuyas aguas dibujan varios saltos y cascadas sobre las lanchas de piedra que dan nombre al lugar. Lo que hace único a este bello paraje es la presencia en algunas de las zonas más húmedas de un arbolillo llamado loro, más propio de los bosques húmedos de Laurisilva y que aquí han subsistido por el peculiar microclima de este valle.

Hay que buscar algunos de los claros del bosque o acercarse a la corriente del arroyo para poder instalar nuestro pícnic y disfrutar de este magnífico entorno.

Vía verde de la Jara

Esta antigua vía de ferrocarril, construida entre los Montes de Toledo y el macizo extremeño de las Villuercas y que nunca llegó a entrar en funcionamiento, recorre 52 kilómetros entre Calera y Chozas y Santa Quiteria. Un agradable recorrido que se puede hacer en bicicleta, a pie (en dos o tres jornadas) o a caballo. En varias de las antiguas estaciones (hoy casi en ruinas) se han habilitado zonas para descansar y poder disfrutar de nuestro pícnic. Curiosa la posibilidad de tomar algo en los vagones restaurante de la Estación de Pizarrita -incluso se puede reservar y dormir en un vagón habilitado a tal fin-.

Pinar de Almorox

El pinar de Almorox –que convive en amplias zonas con encinares dando lugar a un armónico bosque mixto- es ideal para agradables paseos por caminos y senderos, disfrutando de pequeños cortados y arroyos -con agua escasa en verano bien es cierto-. Es este un lugar de gran belleza paisajística, donde podemos observar ardillas y con un poso de suerte ciervos y jabalíes, hay varias zonas recreativas en las que disfrutar de un magnífico día de pícnic.

Por último, nunca está de más recordar esta norma básica: dejemos los lugares tal y como nos los encontremos. Respetemos y cuidemos el medio ambiente.

¡Buen viaje y buena suerte!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *