El estruendo sordo de las bombas reales despierta desde hace siglos a los vecinos de Toledo en el día del Corpus. En su día más grande, con un cielo azul primavera, la ciudad está preparada para recibir a miles de visitantes llegados de todos los rincones del planeta para presenciar “el espectáculo más respetable de la cristiandad, que une a la mayor devoción estática, la máxima alegría, la más honda devoción, el más alto decoro y la más condensada manifestación de arte”, según palabras de Guillermo Téllez.

En Toledo, el Corpus se celebra en jueves, concretamente el jueves que sigue al noveno domingo después de la primera luna llena de primavera del hemisferio norte; más fácil: 60 días después del Domingo de Resurrección; o para no liarnos: el jueves 15 de junio (en este 2017).

Ya desde la víspera en las calles de la ciudad “hay un perfume de tomillo que te lija la nariz hasta el fondo de la infancia, y los toldos ciernen una sombra color azafrán con un matiz bizantino en las callejuelas, adornadas con guirnaldas de mirto, lámparas góticas, cruces de fuego, mantones de Manila en los balcones, macetas con geranios en las paredes, sedas con escudos brocados. Esta luz oriental, tamizada a través de los pétalos de rosa, huele a espiritualidad carnal y dora con un calor escalfado la carrera por donde luego pasará la procesión”, en palabras del escritor y periodista, Manuel Vicent, para una fiesta que se mantiene viva desde 1418.

Si el viajero tiene oportunidad, lo mejor es llegar a la ciudad el miércoles por la mañana. El recorrido por el que transcurrirá la procesión está engalanado desde hace días, y el paseo por esas calles y plazas será más ameno y tranquilo en esa jornada de víspera; eso sí, a medida que avanza el días mayor será la afluencia de visitantes y vecinos.

El Corpus es un espectáculo litúrgico y sensorial que tiene en el laberíntico trazado urbano del casco histórico de Toledo un escenario único. De entre los miles de elementos decorativos que aparecen antes nuestros ojos, merece la pena detenerse ante los ricos tapices de la escuela flamenca que cuelgan de los muros exteriores de la Catedral. Es también un buen momento para visitar los patios de conventos, palacios, casonas y casas que, cerrados a los ojos del viajero el resto del año, se engalanan para la ocasión.

En la tarde de esa víspera, la Tarasca (animal con forma de tortuga y cabeza de dragón que lleva sobre el lomo una muñeca que recibe el nombre de Ana Bolena), acompañada por los Gigantones y las comparsas de música, hace las delicias de los más pequeños. Las calles y plazas están a rebosar, sobre todo de los toledanos que mantienen la tradición de realizar en la tarde-noche del miércoles el recorrido procesional. Oficialmente el recorrido se “inaugura” a las once de la noche siguiendo al pertiguero, personaje que, vestido de negro y con una larga vara, se asegura de que ningún obstáculo en altura impida o dañe el paso de la Custodia en la mañana del jueves.

El ambiente nocturno se anima y para los más atrevidos la noche se alarga hasta el alba… Eso sí, conviene no excederse si no se quiere perder la oportunidad de disfrutar con todos los sentidos del plato fuerte de este Día Grande de Toledo.

Para ver la procesión conviene madrugar para no encontrar atascaos y asegurarse un buen sitio para apreciar en todo su esplendor el paso de la procesión. Un café en la plaza de Zocodover o un chocolate con churros en la calle de Santo Tomé son sinónimo de buen comienzo. Es el momento de buscar un hueco: desde las plazas más espaciosas (como las de Zocodover, el Ayuntamiento, San Vicente o la Plaza Mayor) hasta las estrechas callejuelas, donde la Custodia pasa rozando los cuerpos de los asistentes, cualquier sitio es bueno. También se puede alquilar alguna de las sillas que se colocan a lo largo del recorrido, aunque para esto conviene reservar con antelación.

A la hora señalada, las once de la mañana, la procesión del Corpus de Toledo sale por la Puerta Llana de la Catedral. Más de 60 entidades, cofradías y colectivos componen un cortejo que tiene un protagonista absoluto: la Custodia de Enrique de Arfe, impresionante obra de orfebrería creada por disposición del cardenal Cisneros a principios del siglo XVI y compuesta de 183 kilos de plata y 18 de oro, con 5.600 piezas sujetas con 12.500 tornillos y adornada por 260 pequeñas  esculturas.

Una fiesta convertida en tradición y profunda vivencia espiritual, enmarcadas ambas en la milenaria historia y el inigualable arte que Toledo encierra.

¡Buen viaje y buena suerte!

* Descárgate el programa completo del Corpus 2017 aquí.

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